La riqueza
culinaria de la provincia de Jaén es muy extensa y acumula recetas,
ingredientes y costumbres culinarias heredadas de todas y cada una de las
civilizaciones y pobladores de este territorio a lo largo de la historia.
Durante milenios, el aceite de oliva es el único ingrediente constante e
imprescindible. Os presento una breve recopilación de los platos más
destacados de la Provincia de Jaén con el Aceite de Oliva Virgen Extra como
protagonista.
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El aceite de oliva es ingrediente imprescindible de la
cocina tradicional en todo el mundo mediterráneo y más si cabe en las zonas
productoras de aceites de oliva y en las zonas donde hay arraigada una cultura
del aceite de oliva. La provincia de Jaén no es una excepción y acumula una
gran variedad de platos tradicionales en los que siempre aparece el Aceite de
Oliva Virgen Extra (AOVE) como ingrediente destacado.
Imagen de Pixabay con licencia CCO Public Domain
Las Verduras
La mayoría de las poblaciones de la provincia de Jaén,
incluida su capital, tiene cerca varios ríos, arroyos o riachuelos que son
aprovechados para el cultivo de huertas; por ello las verduras y las hortalizas
tienen un gran protagonismo y con ellas se elaboran variados platos propios.
Comenzamos con el tomate, con el que se hace el gazpacho entendido como una sopa
fría a base de tomate y otras hortalizas. No se podría indicar una receta
auténtica ya que en cada casa y cada restaurante tienen sus propias variantes y
cada uno alardea de tener la autentica receta de gazpacho. Entre las muchas
cosas que suelen acompañarlo, cebolla, pepino, pan e incluso en algunos casos
manzana. En Jaén se hace y suele gustar a los que no les importa mezclar dulce
y salado en un mismo plato. El plato con base de tomate más típico de Jaén es
una ensalada llamada pipirrana,
con la pulpa del tomate aderezada con aceite, vinagre y sal; y enriquecida
según los posibles y el gusto de cada cual con pimiento, cebolla, atún e
incluso jamón.
La huerta jiennense proporciona berenjenas, guisantes,
lechugas, habas, espárragos trigueros… que a la plancha y con unas gotas de
aceite conforman un excelente asadillo jiennense. Las espinacas
esparragadas es uno de los
platos servidos en cazuela más típicos de la ciudad. Las espinacas y los
espárragos troceados y cocidos se sirven en una cazuela de barro bajo una salsa
hecha de ajo, pan y pimientos y rectificada de sal, pimienta y vinagre.
Los Potajes
Como entrantes hay que recomendar dos o tres platos de
legumbres: potaje de habas:
habas “cascás” -cascadas-, judías con
perdiz: volátil muy abundante en los campos de Jaén, y el cocido: vieja herencia judaica
de cuando se dejaba el fuego encendido, del jueves al viernes, y a su arrimo el
puchero. Luego los cristianos añadieron la morcilla, el tocino y el chorizo
para demostrar que eran cristianos viejos; también con garbanzos el potaje con acelgas y espinacas,
tan propio de la Cuaresma, al que los más pudientes le añadían una raspa de
bacalao. En algunas ocasiones se le añade arroz y entonces le llaman empedrao.
Las Migas y las Gachas
Las migas,
plato básico entre las cuadrillas de cogedores de aceituna y con el que se
empieza el día; solas o acompañadas al gusto del comensal: uvas, sardinas,
melón, rábanos, cebolletas, tocino, chorizos, huevos, incluso con chocolate
para desayuno o merienda. Las gachas
migas, son una variante de migas hechas con harina en vez de con pan. Y
los andrajos, calandrajos, tallarines o tortas-gachas, plato hecho con
una finísima masa de harina y con diversos aditamentos según la riqueza del que
guisa, desde bacalao a liebre, pero con una imprescindible ramita de
yerbabuena. Toda una sopa con aspiraciones de potaje.
Carnes de caza, el choto y el cerdo
Son muy reconocidos los platos de caza, ya sean
animales de pluma o de pelo. De pluma, perdices,
pajaritos (donde se salten la prohibición de capturarlos), palomas, zorzales.
De pelo, conejos, liebres, jabalíes, gamos, corzos, ciervos, bien en guisos o
bien en embutidos con un sabor distinto. Sin embargo no busque buenos cortes de
vacuno. El animal totémico, que pasta en gran parte de la zona norte de la provincia,
se dedica a las corridas de toros. La cabaña ovina es escasa, no así la caprina
que se adapta mejor a la configuración y climatología del terreno; de choto
-cabra pequeña- le servirán estupendos platos. Y si le gustan los sabores
recios no se pierda el choto con ajos
o el choto al ajo cabañil.
Y el cerdo y todos sus aprovechamientos; chorizos y
morcillas de todos los sabores, pues con estos embutidos ocurre como con el gazpacho, cada cual tienen su
fórmula. En muchos sitios le servirán la masa antes de embutirla, que algunos
llaman angelillos. En la
provincia hay unas estupendas industrias cárnicas del cerdo donde podrá
encontrar lo que desee, aparte de las pequeñas industrias familiares. Con la
vecina Córdoba, se comparte el flamenquín,
un filete enrollado con una tira de jamón, empanado y frito, que sorprende por
el buen resultado de la superposición de los sabores.
Los Postres
Los postres son una especialidad de la tierra:
mantecados, pestiños, dulces
de almendra, roscos, con y sin vino, hojaldres, bizcochos, canutillos,
mazapanes, alfajores, ajonjolí… En conventos y tahonas los hacen de todas
clases y según las épocas. No olvidemos la fruta. Jaén es tierra montañosa y no
hay mejor fruta que la de la sierra: cerezas, guindas, melocotones,
albérchigos, peras, manzanas, membrillos, caquis, higos, brevas, melones y
sandías.
Los Desayunos
Nos queda por recordar algo que es habitual para el
desayuno: el tallo, tejeringos, calentitos o churros que, fritos en aceite de oliva nos harán recuperar
un sabor casi olvidado. En algunos sitios la masa no es de harina sino de
patata. También se suele desayunar tostadas
de pan (no de molde) untadas con ajo, o regadas con aceite de oliva virgen
extra, o con manteca, a veces salpicadas de azúcar o pimentón.
A veces se desayunan, o meriendan, ochíos, que es un bollo de masa de pan trabajada con
aceite y espolvoreada de azúcar. En Baeza algunos cambian el azúcar por
pimentón. Otra variante es rellenar el ochío con masa de chorizos, o
“angelillos”, en cuyo caso se llaman
Esollás (desolladas). Antes los niños, y algunos mayores, merendaban algo
exquisito: un hoyo de pan y aceite.
Su propio nombre indica que era un cantero de los antiguos panes redondos al
que se quitaba parte de la miga y en su lugar se echaba aceite. Los más ricos o
los más exquisitos además le ponían azúcar.

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